Yabo Torbo


domingo, 24 de febrero de 2013

El Sol

Soy mas alto que los edificios, puedo volar más allá y cruzar las montañas.
Veo la calma y veo la tempestad, siempre hay Algo en toda esta inmensidad.
El sol renueva mi alma y me invita a caminar; mi castigo es el entierro de no poderme amar.

Mi jaula tiene una ventana y, si me concentro, puedo ver el mar.
El mar, la montaña y el cielo me cuentan una historia atemporal.
Ya no hay sueño, ni miedo, solo el fuego del hogar,
y puedo ver mi nombre pintado con claridad, 
no hay más drama, ni delirio, ni soledad,
solo el tiempo que nos queda y un océano de libertad.

No sufras hermano, pues pronto las estrellas vendrán
como símbolos de brújulas que existieron siempre en forma de haz,
un haz divino donde viven los que sueñan,
donde sueñan los que aman y luchan por despegar.

Y por fín llegará el día, sin tristezas, sin pesar, porque somos viajeros
y, aunque pesan las piedras, siempre tendremos que andar,
aunque esclavos del momento el tiempo nos dará la libertad,
de la fuente eterna de un Dios y un sino del más allá.



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