Yabo Torbo


viernes, 23 de julio de 2010

Las casualidades no existen.


Por qué me encontré con ella. Por qué ella. Por qué yo y no ella. Es como gritar por la ventana su nombre a altas horas de la madrugada; como querer contarle al mundo lo maravilloso de su persona; como estar drogado de la mas dulce de las drogas. Todavía me pregunto qué es lo que hace posible que en este cúmulo de personas, de masas, de planetas, de estrellas; aparezca alguien entre un millón, entre un billón; como tú, como tú y como yo.

Por qué vivimos lo que vivimos. Por qué pisamos donde pisamos. Por qué hoy y no mañana. Es tener prisa por llegar; es tener ganas de volar; es el cielo; es mirar al mar. No se lo que nos depará, ni lo que vendrá; pero se lo que se ha pasado y es lo que me quedará. Todavía recuerdo los días de mar, las frias noches en tu cama, los bosques, la amistad.

Y al fín solo queda el recuerdo; intangible, sobrio, austero...
Y al fín solo quedará esperanza, esperanza y recuerdo; esperanza para amar, recuerdos para olvidar...

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