Yabo Torbo


lunes, 11 de enero de 2010

Insomnio

La casa está oscura y vacía, la ciudad duerme en silencio, yo me revuelvo en mi nicho intentando escupir todo el mal que me embriaga. Intento llorar, no puedo. Este pesar me está corrompiendo por dentro. Trato de buscar algún atisbo de luz y solo escupiendo tinta encuentro la calma. Pienso en tiempos pasados, en moralidad, en la niñez. La casa ya no huele como ayer, ya no hay tantas voces en sus habitaciones y las paredes no recuerdan cuando fué la última vez que vieron a un niño ser feliz.

Estoy ligando a la parte absurda de mi ser, mientras comparto mis lamentos con el otro habitante de mi cabeza, alguien que no soy yo, o alguien que quizás sea yo. Todo se torna confuso, lleno de niebla, agobiado buscando soluciones inverosímiles a problemas ilusorios. Y todo esto no cambiará hasta que se produzca un acto fatal o seguramente nunca cambiará, porque así de estúpida es esta historia, una historia con trágico final.


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