Yabo Torbo


lunes, 9 de marzo de 2009

Art

Todo comenzó cuando acompañaba a mi buen amigo Jorge Chávez a realizar unos recados en la ciudad de Lima (Perú), durante el trayecto era captado por un publicista de una iglesia de "Salvadores de Jesucristo", o cualquier nombre que incitara a confiar en su comunidad. El edificio es tosco, cuadrado, austero, yo diría que parece que llevara ahí un millón de años; me recordaba a la catedral de Barcelona, por la que hace unas semanas paseaba. Inocente de mí accedía a dicha comunidad llevado por la curiosidad y el morbo. En un proceso rápido y silencioso la congregación me iba poco a poco encerrando y atrapando, hasta el punto de perder todo el dinero e incluso la voluntad. Era increible la claridad y detalle con el que iba observando todos y cada uno de los pasos de sus ritos, así como la percepción total en el ámbito sensorial de todos los lugares que visitaba. Largas habitaciones góticas, velas blancas, cántigos monótonos, tonos cálidos y lúgrubes; parecía estar dentro de un cuadro de Francis Bacon. Me acompañaban numerosas personas que seguían ciegamente todas las indicaciones de un sacerdote, todas ellas de rasgos sudamericanos, que hacía las veces de guía de ese horrible lugar. Finalmente se propagaba un incendio en el edificio y los guardianes de aquel santo lugar cerraban las puertas para que nadie pudiera salir y perecieramos todos dentro; cosa que me recordo mucho a la escena de la película "Titanic", cuando encierran a los pobres pasajeros de 3ª clase con puertas semejantes a las verjas de una tienda. Cuando consigo que me abran las puertas mediante astucia verbal y parece que todo se va a solucionar con una huida digna de una película de James Bond, los 2 guardianes (hombre y mujer) salen corriendo tras de mí gritando: ¡Villero! !Villero! ¡Al ladrón!, para que algún coche de policía se detuviera y me llevara de nuevo a aquel terrible lugar. Esto fué la peor parte, la lucha de mi persona por escapar y la persitencia de los guardianes, todo esto enmarcado en alguna avenida central de la capital peruana, que meses antes había quedado almacenada en mi retina. Finalmente opté por tomar un taxi a toda prisa y refugiarme en "Barranco", el barrio donde residen mis queridos amigos Santi y Jorge.


Sueño vivido durante la siesta de hoy, una de las peores y más reales pesadillas que nunca he tenido. La acompaño de un dibujo hecho en la universidad esta mañana.

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